El científico que está detrás de los consejos nutricionales de Harvard: «Con cinco buenos hábitos prolongaríamos 15 años nuestra vida»

 El científico que está detrás de los consejos nutricionales de Harvard: «Con cinco buenos hábitos prolongaríamos 15 años nuestra vida»


Si alguna vez ha leído un artículo sobre los alimentos que recomienda consumir la Universidad de Harvard, casi con toda seguridad estará basado en una investigación del profesor Frank Hu. Este científico dirige el departamento de Nutrición en la Escuela de Salud Pública T.H.Chan de la prestigiosa universidad estadounidense donde investiga cómo la nutrición y los estilos de vida determinan la salud del organismo humano. Pero también cómo el ambiente y nuestra genética nos protege o aboca al sobrepeso y la diabetes. Su acreditada voz se alza entre el continuo bombardeo de modas nutricionales, defensor de que una de las herramientas más poderosas para proteger la salud no está en la farmacia sino en nuestra nevera. Recientemente, ha participado en España en un encuentro de Nutrición que periódicamente organizan las universidades de Harvard y Navarra.

El mundo se afana en buscar una píldora antiedad para vivir más y mejor. ¿Bastaría con mejorar nuestra alimentación?

Una buena alimentación y un estilo de vida sano son fundamentales para envejecer de forma saludable. Nuestros estudios han demostrado que seguir una dieta sana, hacer ejercicio con regularidad, evitar fumar y beber en exceso, así como mantener un peso saludable pueden prolongar la esperanza de vida a los 50 años entre 10 y 14 años. Y lo que es más importante, la mayoría de los años ganados gracias a esa forma de vida permite estar libres de enfermedades crónicas importantes, lo que indica una mejora de la duración de la salud, no sólo de la duración de la vida.

¿Existe una única dieta ideal para todos? ¿Cuál sería?

No, no existe una dieta ideal para todo el mundo. Los estudios han demostrado que algunas dietas tradicionales, como por ejemplo la mediterránea, la nórdica o la de Okinawa, así como la dieta DASH, para evitar la hipertensión, se han asociado a una menor mortalidad y una longevidad saludable. Hasta ahora, las pruebas que respaldan los beneficios de la dieta mediterránea para la salud son las más sólidas. Las pruebas no sólo proceden de cohortes basadas en la población, sino también de grandes ensayos clínicos aleatorizados como Predimed.

¿Cuáles son los mejores mensajes nutricionales para transmitir a la población general?

Aumentar el consumo de alimentos vegetales ricos en nutrientes, como frutas y verduras, cereales integrales, frutos secos y legumbres. Tomar grasas saludables como el aceite de oliva en lugar de grasas animales, reducir el consumo de carnes rojas y procesadas y los alimentos muy procesados o limitar el consumo de alimentos y bebidas azucaradas y alcohol de forma excesiva.

Los consejos nutricionales cambian y provocan hastío. Primero, el pescado azul era malo y el blanco era mejor, luego la margarina era mejor que la mantequilla, sólo se podía comer un huevo al día… ¿Cómo deben comunicarse los avances en nutrición para no generar confusión?

La nutrición es un tema muy popular pero complejo. No hay que fijarse sólo en los titulares sensacionalistas que a menudo presentan un mensaje excesivamente simplificado y engañoso. Es importante entender que es poco probable que las recomendaciones básicas sobre nutrición cambien por un solo estudio o un tipo específico de estudios. Es fundamental examinar la totalidad de las pruebas.

¿Cambiará todo cuando avance la nutrigenómica, la nutrición personalizada basada en la genética, y se puedan proporcionar consejos individuales?

La nutrigenómica puede ser útil para mejorar las dietas de algunos individuos, pero aún nos queda un largo camino por recorrer antes de que estas tecnologías puedan utilizarse en entornos clínicos o en la práctica diaria debido a la escasez de pruebas.

«No todos los alimentos procesados son iguales. Un yogur y el pan integral lo son, pero el efecto de su consumo es diferente al de los refrescos»

Los alimentos ultraprocesados son uno de los mayores pecados de las dietas occidentales. ¿Cree que la industria alimentaria necesita más regulación?

En general, son perjudiciales para la salud, pero hay que reconocer que no todos los alimentos ultraprocesados son iguales. Los refrescos, deberían regularse, especialmente su comercialización entre los niños pequeños. Algunos alimentos como el yogur y el pan integral también pueden clasificarse como ultraprocesados, pero sus efectos son diferentes a los de los refrescos, las carnes procesadas o los aperitivos cargados de azúcar, sal y grasas poco saludables.

Se ha puesto de moda el uso de monitores de glucosa de diabéticos para controlar los picos de glucosa en personas sin esta enfermedad. ¿Es recomendable?

Pueden ser útiles para que las personas controlen su respuesta de glucosa a determinados alimentos, independientemente de su estado diabético. Sin embargo, es importante reconocer que la respuesta de la glucosa es uno de los muchos factores que influyen en la salud en general. También son importantes los efectos de los alimentos y los comportamientos alimentarios sobre otros factores como la tensión arterial, el colesterol en sangre, la inflamación crónica…

Algunos expertos envejecimiento toman metformina, un medicamento para diabéticos, para combatir el paso del tiempo. ¿Tiene sentido?

La metformina es eficaz para el control glucémico y la gestión de la diabetes, pero no se han demostrado sus efectos sobre el envejecimiento saludable y la longevidad en humanos.

Nunca ha habido tanta gente con sobrepeso. ¿Qué es lo que engorda al mundo? ¿Ozempic y otros medicamentos similares son la mejor respuesta?

El entorno alimentario obesogénico y el sedentarismo son factores clave de la epidemia mundial de obesidad. Sin embargo, Ozempic y otros fármacos GLP-1 no son la solución a los problemas de obesidad del mundo. Aunque estos fármacos son eficaces en el tratamiento de la obesidad, son caros y tienen efectos secundarios. La mayoría de las personas, especialmente las de países de renta baja y media, no pueden permitirse o no tienen acceso a ellos. Una dieta y un estilo de vida saludables siguen siendo fundamentales para envejecer de forma saludable y vivir más, incluso para las personas que siguen estos tratamientos.

¿Los sistemas sanitarios deberían considerar la obesidad como una enfermedad en sí misma y promover el acceso a estos tratamientos?

En la actualidad, muchas organizaciones médicas consideran la obesidad una enfermedad crónica que requiere tratamiento a largo plazo. Es crucial conseguir que sean asequibles y favorecer el acceso equitativo a estos medicamentos. Aunque, además del tratamiento de la obesidad, es importante poner el acento en su prevención.

Más allá de su éxito en el control de la diabetes y la obesidad, ¿cree que esta molécula ya ha tocado techo o puede convertirse en una vía para luchar contra las enfermedades cardiovasculares o las adicciones, como apuntan ya algunos estudios preliminares?

Se ha demostrado que estos fármacos reducen las enfermedades cardiovasculares y la enfermedad del hígado graso y pueden tener algunos beneficios sobre las adicciones, pero se necesitan más estudios para examinar sus efectos a largo plazo y sus posibles efectos secundarios.



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