Lo que tu boca cuenta de ti y no sabes

 Lo que tu boca cuenta de ti y no sabes


Le prestamos menos atención que al resto de nuestro cuerpo. Olvidamos hacer las revisiones y muchas veces no visitamos al dentista hasta que ese dolor de muelas es insoportable. Pero la realidad es que lo que pasa en el interior de nuestra boca puede ponernos sobre la pista de situaciones de nuestro estado de salud general que ni siquiera intuimos.

Halitosis, sensibilidad dental, aftas, sequedad, inflamación y sangrado de las encías, dientes desgastados… síntomas a los que a veces no les damos importancia pero que pueden ser la punta del iceberg de otras patologías. Y no solo es que haya enfermedades que pueden dar sus primeras señales en la boca. Es que una mala salud oral puede incluso influir en su aparición, desarrollo o correcto tratamiento.

De hecho, dos estudios de investigadores del Fred Hutchinson Cancer Center en Seattle, publicados recientemente en «Cell Reports» y en «Nature», respectivamente, sugieren un vínculo entre la salud oral y el cáncer. Los dos artículos se centran en una bacteria oral llamada Fusobacterium nucleatum, que se ha relacionado con el cáncer colorrectal. Las células no tumorales que rodean a un tumor pueden ayudarlo a repeler los ataques del sistema inmunitario, resistir las terapias que las atacan y permitir que se propague a otras partes del cuerpo. «Hemos visto que hay regiones del tumor que están colonizadas por bacterias y difieren funcionalmente de las regiones que no albergan bacterias», señala Susan Bullman, autora del estudio en «Nature». «Y estas regiones ricas en bacterias tienen un mayor potencial metastásico», añade.

«Hay una tendencia emergente de microbios que se asocian tradicionalmente con la enfermedad inflamatoria oral que se encuentran en asociación con cánceres extraorales y gastrointestinales, lo que destaca a la cavidad oral como un caldo de cultivo para los oncomicrobios patógenos», señala el microbiólogo molecular Christopher D. Johnston, otros de los investigadores.

Los casos globales de enfermedades bucodentales han aumentado en mil millones en los últimos 30 años, una clara indicación de que muchas personas no tienen acceso a la prevención y el tratamiento de estas patologías, según recoge un informe de la OMS publicado recientemente.

Señales de alarma que siempre hay que consultar

La sequedad oral persistente, los problemas periodontales (sangrado o recesión de encías) llagas que no cicatrizan, lesiones orales rojizas o blanquecinas que no solemos reconocer o dolor dental. «No quiere decir que siempre que tengamos uno de estos síntomas vaya a tratarse de una enfermedad grave, pero es necesario revisarlo con un facultativo para descartarlo», aconseja la doctora Berta Uzquiza, responsable de Innovación y Calidad Clínica en Sanitas Dental.

Por su parte, el doctor Miguel Carasol, coordinador de la Alianza por la Salud Bucal y General de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y director de Promosalud desmonta otro mito: no es normal que los dientes se caigan con la edad. Cuando se empiezan a mover hay que consultar porque detrás hay una recesión de encías. «Eso de que con la edad se pierden los dientes es absolutamente falso. Los dientes ni crecen ni se separan ni se abarquillan por la edad. Detrás hay patología, que es la pérdida de encía y hueso», advierte el periodoncista.

Por otra parte, levantarse con dolor en la zona de la articulación temporomandibular o en la sien y notar un desgaste en los dientes pueden ser síntomas de bruxismo, una patología ligada al estrés que se incrementó notablemente durante la pandemia.

Enfermedades que nos avisan desde la boca

La cavidad oral puede dar mucha información de nuestra salud general. Ante señales de una enfermedad sistémica, el dentista puede recomendar una visita al médico especialista para confirmar las sospechas. La relación más conocida es la de la periodontitis (enfermedad de las encías) y la diabetes, que es bidireccional. No solo la diabetes aumenta el riesgo de sufrir enfermedades periodontales, sino que éstas pueden afectar a la diabetes, complicando el control de la glucemia. «Una encía engrosada, seca, muy roja o una tendencia a tener candidiasis oral nos da idea de que puede haber diabetes», explica la doctora Marta Montserrat, periodoncista de Clínica Dental Friedländer.

También hay estudios que relacionan la periodontitis con un mayor riesgo de hipertensión arterial. Otros signos, como tener aftas o queilitis recurrentes, pueden alertar de la falta de alguna vitamina. Y en pacientes con VIH se pueden ver síntomas como candidiasis orales muy recidivantes o sarcoma porque el sistema inmune está afectado. Mientras que en los pacientes con leucemia pueden aparecer petequias en la boca o sangrado de encías, añade Marta Montserrat.

Otras señales, como la xerostomía (sequedad oral), apunta la doctora Berta Uzquiza, «pueden indicarnos que padecemos diabetes o el síndrome Sjörgen, un trastorno autoinmunitario caracterizado por destruir las glándulas que producen la saliva, aumentando el riesgo de caries».

Patologías como la enfermedad celíaca «pueden tener sus primeras manifestaciones en la cavidad oral, como la hipoplasia del esmalte, un empeoramiento de la calidad de la estructura dentaria característica de una mala absorción de ciertas vitaminas y minerales en el sistema digestivo», añade.

El cáncer oral, prosigue Uzquiza, puede presentarse «en forma de llaga en los labios o boca que no consigue cicatrizar, lesiones rojizas o blanquecinas con diversas formas en la mucosa oral, encía y lengua».

Hasta qué punto influye la boca en nuestra salud general

«La boca forma parte del organismo y puede ser la vía de entrada de distintos patógenos que pueden afectar otras partes del cuerpo, así como patologías a priori alejadas de la cavidad oral pueden manifestarse en ella. El vínculo entre la boca y la salud general es innegable», señala la doctora Berta Uzquiza. De acuerdo con el Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2022, 7 de cada 10 adultos españoles de 24 a 60 años tienen actualmente algún problema bucodental, siendo las patologías más detectadas en consulta la caries, la gingivitis y el bruxismo. «En cuanto a las patologías de salud general, los adultos con diabetes mal controlada mostraron un riesgo 2,9 más alto de tener enfermedad periodontal que aquellos que no tenían diabetes. Hay una clara relación entre la periodontitis y las enfermedades cardiovasculares entre otras patologías, y se encuentra en estudio su relación con el alzhéimer y el impacto en el embarazo y el aumento del riesgo de preeclampsia y parto prematuro», añade Uzquiza. Además, «cada vez hay más evidencia que apunta a una relación entre ciertos patógenos presentes en la boca y enfermedades respiratorias como la bronquitis y la neumonía. Estas bacterias llegarían a las vías aéreas mediante la aspiración, por lo que es fundamental mantener una correcta higiene bucodental y acudir a las revisiones con el odontólogo», aconseja la doctora Uzquiza. Cuando se produce sangrado e inflamación en las encías es porque «hay bacterias en la boca y éstas pueden llegar a entrar en el torrente sanguíneo y producir infecciones más lejos de la boca o agravar una enfermedad sistémica», asegura la doctora Marta Montserrat, periodoncista de Clínica Dental Friedländer.

Halitosis, sequedad, sensibilidad dental

Son tres problemas comunes y ninguno hay que tomarlo como normal. En el mal aliento, el doctor Miguel Carasol cree que se produce un error gravísimo: pensar que proviene del estómago. «Nueve de cada diez casos son por caries, gingivitis, periodontitis o una mala higiene oral», asegura. Hay que distinguir el mal aliento que puede producirse al levantarse, que es normal porque la boca se seca, al del resto del día. «Si usas colutorio, pero no tratas la enfermedad que provoca la halitosis, no se soluciona el problema», advierte el coordinador de la Alianza por la Salud Bucal y General de la SEPA. La sensibilidad dental tampoco es normal. Lo más frecuente es que se deba a una caries o a una enfermedad periodontal que destruye el tejido que da soporte al diente y deja la raíz al aire. Y en cuanto a la sequedad, hay que consultar siempre porque detrás puede haber una enfermedad sistémica (diabetes, hipertensión) o algún fármaco.

¿Qué hacemos mál en la rutina de higiene oral?

Uno de los errores que más cometemos cuando nos lavamos los dientes y encías es hacerlo muy rápido. «Hay que dedicarle dos minutos», afirma la doctora Marta Montserrat. Y otro gran error es frotar muy fuerte. «El cepillado incorrecto, con cerda muy dura o movimiento horizontal muy brusco, provoca recesión de las encías. Hay que utilizar cepillos de dureza media y técnicas no traumáticas», explica el doctor Miguel Carasol. Y este hábito debe repetirse después de cada comida, mínimo 3 veces al día. Al menos una de esas veces, deberíamos utilizar el hilo dental o los cepillos interdentales. «Podemos hacerlo antes o después del cepillado, lo importante es sacar la placa entre diente y diente», afirma la doctora Montserrat. Y no hay que olvidarse de «cambiar el cepillo cada 3 ó 4 meses», añade Berta Uzquiza. En cuanto a la pasta, siempre debería llevar flúor. En menores de 6 años, un mínimo de 1000 ppm y a partir de esa edad, 1450 ppm. En personas sanas, se recomienda una revisión anual con el dentista; y en pacientes con patologías, cada 6 meses. Es fundamental abandonar hábitos como el tabaco, que «hace un daño tremendo a los tejidos que rodean el diente», advierte el doctor Carasol.

¿Cepillo eléctrico o manual? ¿Hay que usar colutorio?

Tanto el cepillo eléctrico como el manual son eficaces «siempre que se utilice la técnica correcta durante al menos 2 minutos por cepillado», afirma la doctora Uzquiza. De la misma opinión es la doctora Montserrat que afirma que, aunque el eléctrico saca más placa por segundo, si se realiza una buena técnica de cepillado, el manual está igual de bien.

En cuanto al colutorio, en personas sanas puede ser un buen aliado, pero es complementario, y nunca puede ser un sustitutivo del cepillado. «Lo que saca la placa es el cepillo», recuerda la doctora Montserrat. Existen colutorios terapéuticos, como los que llevan clorhexidina, que el dentista puede prescribir para tratar problemas orales causados por bacterias, pero cuidado con usarlo sin indicación profesional porque «puede teñir mucho los dientes y dar sabor metálico a las comidas», advierte el doctor Carasol.



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