El club sigue inmerso en una crisis institucional sin precedentes y con una división interna palpable

 El club sigue inmerso en una crisis institucional sin precedentes y con una división interna palpable


Cuando un club, da igual de la modalidad deportiva que sea, da más que hablar por otras cosas que por lo que ocurre en el campo, es que algo no funciona nada bien; todo lo contrario.

En esta ocasión, le ha tocado al CD Guijuelo ser noticia casi a diario por cuestiones solo extradeportivas, que nada tienen que ver con lo que pasa en el terreno de juego, pese al descenso a la 3ª RFEF del equipo, en una temporada para olvidar.

Y es para olvidar por muchas cuestiones más que por el doble descenso de categoría, no nos engañemos; y sí, puede ser que mucho se molesten por estas líneas, pero la realidad actual del club es mucho más seria de lo que parece.

En primer lugar, urge y es más necesaria que nunca, la dimisión en bloque de toda la actual Junta Directiva, por su incapacidad para sacar un proyecto adelante y por llevar a un equipo al abismo del fútbol nacional, cuando un día, no hace mucho tiempo, llegó a jugar un play off de ascenso a Segunda División.

Primero, permitieron que se desmantelase un proyecto deportivo; es más, lo apoyaron y fueron los primeros responsables de todo ello. Y, en esta ocasión, quieren andar el camino hacia atrás para volver al origen y lo único que están haciendo es coger un atajo cuyo destino es el precipicio.

El presidente del club, Goyo Llorente, además de haber instalado la ley del silencio en el club junto al resto de la directiva, ha negado a este medio ejercer su derecho a la información al no querer dar una entrevista cuando sí lo ha hecho en otros, algo bastante grave teniendo en cuenta la transparencia de la que los actuales mandatarios presumen.

Un club de fútbol no es una empresa de jamones, no se compran ni venden cochinos y las personas no son animales; gestionar una entidad deportiva no es ni mejor ni peor que una industria jamonera, simplemente es diferente; pero parecen no entenderlo.

El despropósito llega al punto de comunicar al director deportivo que se va, pero sin haber rescindido su contrato, generando un ambiente hostil con tres partidos aún por jugarse y generando rumores y ‘dimes y diretes’. Es cierto que Astu es otro de los grandes culpables de la situación deportiva porque la Junta Directiva le dio plenos poderes en el equipo y su fracaso ha sido estrepitoso no, lo siguiente. Por ello, debe abandonar el club; pero debería haberlo hecho sin que nadie le invitase a hacerlo y sí por responsabilidad y honestidad consigo mismo y con su pésima gestión deportiva. No hay excusa.

El siguiente error mayúsculo es haber generado odio interno en el club, ya que se palpa y se siente una división tanto en todos los integrantes de la plantilla como en la propia directiva. Rumores, palabras vacías y no hablar con claridad desde el minuto uno solo genera dudas, desconfianza y un ambiente de trabajo completamente insoportable; encima, con el equipo descendido.

Tampoco es muy normal la situación en la que ha quedado la directora general, Natalia González, que parece ser otro de los objetivos de la Junta Directiva actual, a la que han señalado y crucificado antes de preguntar; su labor en el club va más allá de lo deportivo después de 10 años de dedicación.

Y, me reitero en unas líneas que escribí hace varias semanas bajo el título ‘El escudo del Guijuelo no se mancha’ y que parecieron molestar a algunos de los integrantes de la plantilla del equipo; pues bien, lo dije en su momento y me reafirmo en lo mismo: hay jugadores a los que les da absolutamente igual lo que pase con el Guijuelo, a la vista está, porque su implicación deportiva no ha sido la idónea, eso por no hablar de asuntos extradeportivos que alguna vez saldrán a la luz. O lo que es lo mismo, lo que se hace fuera del terreno de juego, que también cuenta.

El club está perdiendo un tiempo de oro para poder hacer un equipo ganador la próxima temporada y que suba sí o sí a la 2ª RFEF; pero para eso, el club debe tener alguien al volante y no llevar el barco a la deriva. Hoy en día, no hay ni director deportivo, ni entrenador, ni jugadores renovados, ni proyecto, ni planificación… y lo que es peor, van a dejar escapar a Chuchi Jorqués, que siente más el Guijuelo y se ha mostrado más que dispuesto a empezar con el proyecto desde cero. Eso sí, también tiene su cuota de responsabilidad por no haber podido sacar más rendimiento a los jugadores y al equipo desde su llegada; pero que nadie dude de que tiene capacidad de sobra.

Algún día se podrá contar todo lo que se ha vivido en estas últimas semanas; igual muchos empiezan a entender de una vez las cosas. El Guijuelo es un circo, con todos mis respetos para los profesionales que allí trabajan; ellos nos hacen reír, y lo del Guijuelo es para llorar…



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