Morante se queda solo

 Morante se queda solo


Morante siempre fue el más valiente de todos los artistas y ha demostrando que, además, es el más valiente y comprometido de todos los toreros. Al que le preocupa la Fiesta, su presente y su futuro. En la plaza y en la calle ha dado la cara como no ha hecho ninguno en los trece meses que llevamos de pandemia y se ha desmarcado de todos para, con una frase, dejarlos en evidencia. “Echo en falta que haya compañeros, profesionales, ganaderos que reivindiquen que haya toros en Sevilla”, manifestó este martes en EsRadio con Jiménez Losantos; como lo hizo en Resurrección con Jesús Bayort en ABC. Todos acataron las palabras de Morante, pero ninguno le secundó públicamente. Siguen encerrados en su burbuja, escondidos, sin pronunciarse y sin decir lo que piensan. ¿O tal vez es que no se atreven a decir que el toreo mientras no sea para un beneficio único y personal le importa un bledo? O asumen ser ninguneados por la autoridad que se niega a conceder permisos para celebrar toros sino no es con el metro y medio que se saltan en otros eventos en espacios cerrados. Por no hablar de la bacanal a la que no echan cuentas al lado mismo de La Maestranza donde las terrazas del Paseo Colón están abarrotadas y la gente bebe sin distancias. El único problema está dentro del coso taurino, al parecer. Imperiosas son las medidas preventivas y el control para combatir al virus, pero esa restricción y seriedad que imponen a rajatabla en el toreo se echa en falta en otros espectáculos, igual que se anhela a la hora de imponer sanciones severas ante conductas vergonzosas de las que no pocos se van de rositas. Pero el problema son los toros, espectáculo al que han arrinconado en un momento crítico para darle esa estocada que quien nos malgobierna y miente a diario desea desde antes de sentarse en la poltrona del Gobierno.

Sevilla está en el aire a cuatro días del inicio. Este miércoles habrá solución. Pase lo que pase, el toreo ha vuelto a quedar retratado con un silencio esclarecedor. Que da vergüenza. Un silencio de resignación que no ayuda a despertar. Ninguno de los anunciados en Sevilla abrió la boca mientras le están robando su pan y la verdad de la grandeza de un espectáculo que no tiene porqué estar cuestionado continuamente. Que es víctima de los gustos de los políticos y también de los complejos de aquellos que decían ser aficionados. Y víctima también de los profesionales que se esconden en un incomprensible silencio. Ser torero además de torear implica saltar al ruedo cuando la Fiesta lo necesita, aunque no haya salido el toro, entre otras cosas porque no le han dejado. Y mientras solo Morante se atreve a hablar, a dar la cara, a poner las cartas sobre la mesa, a criticar, a defender su espectáculo. Es el único que apoya y aparece. Y si hay que señalar, señala. Sin miedo ni vergüenza. Comprometido. Es el más artista. Y también el más valiente. Un torero que este martes le reconoció a Jiménez Losantos que cuando se vio obligado a dejar de torear por enfermedad comprobó que “fuera del toro todo era muy triste”. ¿Es feliz el resto de figuras sin que salga el toro? A ninguno le duele Sevilla como le duele a Morante. Y lo peor es que parece que a ninguno le duele el toreo como le duele al de La Puebla. Si no, no se entiende el silencio y la indiferencia mientras la tauromaquia se juega tanto.



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