La covid-19 implica riesgos vitales más altos en los mayores de 60, pero más riesgo psicológico en jóvenes

 La covid-19 implica riesgos vitales más altos en los mayores de 60, pero más riesgo psicológico en jóvenes


   MADRID, 9 Abr. (EDIZIONES) –

   Las personas mayores han sido las más castigadas a nivel físico, pero los jóvenes a nivel psicológico. De hecho, debemos considerar a las personas de 18 a 25 años como un grupo vulnerable de esta crisis, tras una marcada afectación de su estado emocional pues han estado expuestos a altos niveles de estrés y de preocupación, tras esta importante interferencia en su estilo de vida.

   Ésta es la principal conclusión del estudio ‘How did different generations cope with the COVID-19 pandemic? Early stages of the pandemic in Spain’, publicado en la revista internacional ‘Psicothema’, y que forma parte de una evaluación longitudinal de cómo la pandemia está afectando a los españoles a nivel psicólogico, y para el que participaron vía encuesta ‘on line’ más de 4.000 personas, desde el 23 hasta el 28 de marzo de 2020, cuando España llevaba de 9 a 14 días confinada.

Este trabajo representaría «una primera foto» del estado psicológico de los españoles en este escenario de pandemia, correspondiente a esos primeros días de ‘encierro’ en casa, según reconoce en una entrevista con Infosalus la doctora en Psicología y psicóloga clínica especialista vía PIR Ana-García Dantas, promotora del estudio, que ha realizado con sus compañeras del grupo de investigación ISAMEC-19 Anabel González, Ania Justo-Alonso, Milagrosa Sánchez-Martín, y Lucía Del Río Casanova.

   En el texto publicado se recoge que diversos estudios han resaltado el impacto negativo de esta situación estresante en el estado psicológico de la ciudadanía, que no solo se enfrenta a la incertidumbre de un virus peligroso, sino que también tiene que adaptarse a unas circunstancias vitales sin precedentes.

   «Sin embargo, no todas las personas lo afrontaron igual. (…) El virus y las medidas adoptadas dejaron en esta etapa dos tipos de secuelas: físicas y emocionales. Mientras que el riesgo de las primeras es entre los de mayor edad, las consecuencias emocionales fueron peores en los más jóvenes», recalca la investigación.

   De hecho, su primer dato destacable es que los más jóvenes (18-33 años) puntuaron más alto que los más mayores en las escalas de depresión, ansiedad y estrés reciente en esa primera quincena de confinamiento. «Los jóvenes percibían su estado emocional de forma más negativa que los mayores de 60. Concretamente refirieron tener más problemas para dormir, más somatizaciones y más claustrofobia que antes del confinamiento», sostiene el trabajo de ISAMEC-19.

   Otra idea del análisis de estos primeros días de pandemia es que la resiliencia psicológica de los mayores durante el confinamiento fue mejor que la de los jóvenes, a pesar de sufrir el aislamiento de sus familiares para evitar contagios: «Alguna de las hipótesis que podrían explicar estas diferencias son, por un lado, que el estilo de vida les cambió menos que a los demás, pues ya de antes era más hogareño y menos social que el de los jóvenes».

   Por otro lado, el trabajo recoge que el apoyo en la Religión ha podido funcionar como factor protector para muchos; también que la jubilación ha proporcionado una seguridad económica con la que no contaban los otros sectores. «Por último, el hecho de que los mayores de 60 en España han vivido situaciones como la Guerra Civil y la dictadura les ha podido dar unas experiencias vitales que les han ayudado a relativizar la situación», subraya.

   Según sus datos, los jóvenes de 18 a 25 años fueron los que pasaron más tiempo dentro del hogar pues en su mayoría vivían en casa de sus padres y los que estudiaban fuera, regresaron al domicilio familiar durante este período. Por tanto, a diferencia de los otros grupos (34 a 60 años), ellos no salían a las actividades consideradas esenciales, pues la mayoría no se hacía cargo de la compra ni tampoco trabajaba, por lo que su encierro fue mayor.

   La incertidumbre respecto a su futuro era también mayor. Interrumpieron sus planes de ocio y reuniones sociales, elementos que en esta edad pueden vivirse como más esenciales. Muchos dejaron de ver a sus parejas durante semanas y todas las actividades agradables tan necesarias para afrontar situaciones del día a día desaparecieron viéndose sin recursos personales para cuidarse. La mitad de los jóvenes perdieron sus rutinas diarias (horarios de sueño, de comida, etc.) mientras que en general, los mayores trataron de mantener su vida organizada igual o mejor de lo habitual para contrarrestar los efectos estresantes del confinamiento, relata el trabajo.

   En este sentido, la médico psiquiatra, psicóloga y directora médica del Instituto Médico Imaya (Vigo) Ania Justo Alonso, y una de las firmantes del artículo científico, reconoce que estos resultados obtenidos son congruentes con otros estudios realizados por la OMS sobre la misma temática, así como con el escenario que se ha dado en otros países occidentales. «Por qué los menores tienen más problemas psicológicos es multicausal», señala.

   Ana García-Dantas, directora de Dantas Psicología en Sevilla relata sobre esta afectación más acusada en jóvenes que se trata del grupo de edad que más ha tenido que adaptarse, dado que su vida social se ha reducido totalmente. «Todo esto ha impactado en el ánimo, ansiedad, angustia, y dificultad para relajarse. Los grupos de mediana edad están más centrados en su familia, en la conciliación, en el trabajo ‘on line’. También han visto reducidos sus planes pero esta situación no ha supuesto una interferencia tan grande y para los grupos de mayor de edad, no es una necesidad como para un chaval», señala.

Sobre si se avecina una avalancha de problemas de salud mental por la COVID en los próximos meses, Dantas mantiene que, de acuerdo con su experiencia clínica de este año, sí se baraja la hipótesis de que habrá una afectación psicológica mayor sobre la población. «Nunca antes se había producido el mismo estresor a tantas personas a la vez. Luego por otro lado tenemos problemas de estado de ánimo, el duelo, así como el cese de actividades placenteras, que son las que amortiguan, el ‘air bag’ del día a día. Esto puede reducir el impacto de lo duro que está siendo, pero esto no lo hemos tenido y nos hemos tenido que adaptar a un día a día. Ha afectado a nuestro ánimo, y en algunos casos derivará en una depresión, lo dicen todos los estudios», subraya.

   Otra cosa de la que no se habla mucho y como especialista en trauma le da importancia es que esta situación de pérdida de libertad y de tantas restricciones han podido despertar en muchas personas recuerdos dolorosos que no estaban procesados, según aclara. «Todos estos estresores pueden afectar a las personas sanas emocionalmente. ¿Cómo no le afectarán a personas con factores de riesgo, con una vulnerabilidad de ansiedad y de depresión? Además, a esto hay que sumarle el problema de la sanidad pública en salud mental, que se ha paralizado y visto que era un bien de primera necesidad, para el que no hay medios», lamenta.

   Por desgracia, sostiene también que hay mucha gente muy mal y que no tienen ayuda psicológica, y que recurren al orfidal, a pastillas que te hacen el efecto inmediato y te dejan «medio grogui» y te generan una adicción a la larga que es difícil de quitar. «Lo que sí se está viendo es que hay hipocondría pero mucha agorafobia, ansiedad ante espacios abiertos y conforme rebajan las restricciones y hay más libertad, mucha gente está más agobiada, gente que estaba mal de antes y ha encontrado en su casa un resguardado, como podría ser el caso de los niños que sufren bullying, para quienes el tiempo que estuvieron confinados supuso un alivio y luego les costó mucho volver a retomar el cole», afirma Dantas.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA REVERTIR ESTOS PROBLEMAS?

   A la hora de revertir estos posibles problemas emocionales, la psiquiatra Ania Justo-Alonso menciona la importancia de aceptar los sentimientos de frustración, o ansiedad que podamos sufrir. «Si tú puedes aceptar que una emoción es negativa pero es nuestra, seguro que disminuirá», reconoce.

   También aconseja mantener las relaciones sociales, en la medida en la que la pandemia nos lo permita, por ejemplo con mensajes de móvil o videollamadas, al tiempo que sugiere «técnicas más elaboradas» como el Mindfulness. Otro truco a su juicio serían «los anclajes, nuestro malestar viene porque tenemos una emoción negativa, ser conscientes de ello y con que pongamos el foco y respiremos de forma pausada esa emoción baja».

   El intentar regular las actividades de ocio, en función de las posibilidades, es otra de las vías para encontrarnos mejor. Por ejemplo, dice que buscando grupos de ayuda de la misma edad, y si por ejemplo antes tomábamos un café a las 8 y ahora no podemos, lo hacemos virtual.

   «Lo mejor, estructurarse un horario, en pandemia que estamos más en casa. Si dedicas tu tiempo de forma organizada, más o menos, con horario estable, baja mucho la ansiedad y si puedes hacer deporte dentro de casa mantienes niveles razonables de ansiedad», sentencia.



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